"La construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el sometimiento". (Carole Pateman, 'El contrato sexual', 1988).

Es conocimiento de todos que este viernes 25 de Noviembre se conmemoró el día en contra de la violencia hacia la mujer, donde miles de personas salieron a las calles para unirse a esta causa común a lo largo del país. Caminando la tarde del pasado viernes por las calles de Concepción, me topé con las piletas de Plaza Los Tribunales teñidas de rojo ensangrentado, sorprendiendo a muchos transeúntes que se detenían a fotografiar aquél fenómeno. ¿Quién tiñó de rojo las aguas de Tribunales? Lo cierto es que no logré llegar con los o las responsables de tan representativo acto de manifestación, y cabe aún más preguntarse ¿Qué representa para nosotros, y en mayor instancia, nosotras, aquella impactante imagen a primera vista? Aquí aludiré a mi opinión personal y dejaré la pregunta abierta a todos quienes les interese manifestar su opinión al respecto.

Recordemos que en los últimos meses hemos sido testigos de noticias tan sanguinarias sobre femicidio, en donde se hace evidente que la realidad supera cualquier tipo de ficción. Tales son  los casos como el de Florencia Aguirre, una pequeña de tan solo 9 años de edad, cuya vida fue arrebatada a manos de un monstruo al que ella veía como su padrastro bajo el nombre de Cristian Soto, y en quien inocentemente confiaba quedándose bajo su cuidado. Al hombre no le bastó con asfixiarla hasta dejarla inconsciente, sino que procedió a meter su pequeño cuerpo en un basurero tal como si se tratara de un desecho cualquiera, para luego prenderle fuego estando ella aún con vida. ¿Qué explicación dio a tan macabro crimen? Un repugnante “No sé por qué lo hice”. De cualquier modo, aún si su respuesta se hubiera compuesto de más argumentos, nada justifica la atrocidad de lo cometido, ni mucho menos tratándose de apenas una niña indefensa. Otro caso es el de Nabila, quien tras ser violentada por su ex pareja y abandonada en plena calle en la ciudad de Coyhaique para que muriera, tuvo la suerte de ser auxiliada por testigos que llamaron a emergencias para socorrerla. Nabila fue encontrada en condición crítica, Mauricio ortega además de propinarle una brutal golpiza, le habría arrebatado sus ojos. Y así continúa la violencia hacia la mujer y no sólo en nuestro país.

Argentina ha sido un fiel reflejo de hasta dónde es capaz de llegar la brutalidad del hombre para saciar ese deseo inhumano de transgredir los derechos del que ellos denominan “sexo débil”. Tal es el caso de Lucía Pérez, una joven de 16 años que viajó a Mar de Plata con la intención de pasar un rato agradable con los que ella consideraba sus amigos, sin embargo, lo que la esperaba era una pesadilla hecha realidad. Lucía fue drogada y posteriormente violada de forma anal y vaginal por Juan Pablo Offidani y Matías Farías, con la posible participación de un tercero, para finalmente empalarla. Esto la mató. Su cuerpo fue dejado en un hospital del sector, había sido bañado y vestido para intentar desviar las secuelas del ataque, sin embargo, las pruebas forenses hicieron evidente la tortura infernal a la que fue sometida, determinando que la causa de muerte fue por reflejo vagal tras haber sido empalada. El caso causó mucha conmoción a nivel mundial, sin embargo los ataques no se detuvieron.

Si bien casos como los mencionados anteriormente nos dejas una sensación de angustia, rabia e impotencia en nuestro interior, aún más chocante es presenciar este tipo de violencia por parte del mismo género. Creo que no existe peor acto de violencia en contra de la mujer, que el que viene de otra mujer. Recién este 22 de noviembre, tres días antes de la convocatoria a marchar en contra de la violencia hacia la mujer, Argentina vuelve a ser escenario de un nuevo ataque. Esta vez la víctima es una adolescente de 14 años, cuyo nombre y el de sus atacantes desconozco, puesto que los medios se han encargado de omitirlo (aquí es donde pido que si alguien logró dar con el nombre, por favor me lo haga saber, pues las víctimas tienen nombre y apellido, así mismo sus agresores). La víctima fue engañada por otra adolescente quien decía ser su amiga, y llevada de esta forma a la casa de uno de sus atacantes que se encontraba acompañado de tres individuos más, donde fue obligada a ingerir una mezcla de alcohol y píldoras no identificadas. Posterior a esto, el grupo de compañeros procedió a violarla mientras la chica gritaba por ayuda a su amiga, quien sólo se limitó a mirar el acto sin hacer ni el menor esfuerzo por socorrerla. Fue un vecino quién logró escuchar las súplicas de la niña irrumpiendo en el hogar y rescatándola de sus agresores para llevarla a un centro asistencial.

Podría continuar relatando un sinfín de sucesos violentos hacia la mujer dados en el último año. Lo cierto es que no existe registro legal de los femicidios ocurridos a lo largo del tiempo, pero si algo nos queda claro, es que existen una recopilación amplia de noticias para dejar en evidencia que la violencia hacia la mujer existe, y son cifras indiscutiblemente grandes y crecientes. Entonces ¿Qué representa las aguas teñidas de rojo en Tribunales? Para mí, es tan sólo la representación de la punta del iceberg de toda esa sangre que ha sido derramada por mis iguales, tan sólo una minúscula parte de todo ese dolor que se incrusta en nuestras entrañas cada vez que leemos que otra más nos ha sido arrebatada, violentada, asesinada. Ni aunque todo el océano se tiñera de rojo sería suficiente para representar a todas las caídas a manos del patriarcado. Pero el mensaje es claro, el rojo. Tribunales ha sido teñido de rojo por todas nosotras, y no sólo de rojo, Tribunales se tiñe de sangre, mujeres, de nuestra sangre, y no estamos dispuestas a quedarnos calladas, ni mucho menos de brazos cruzados mientras otra de nosotras continúe siendo ultrajada y aniquilada. Seguiremos luchando unidas en contra de esta sociedad capitalista y patriarcal que vulnera nuestros derechos, hasta abolirla por completo.