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La real vocación es un tema que ya no se ve seguido. En Chile esto está por sobre muchas otras cosas que igualmente suceden en el día a día. “Es lo que me dio el puntaje” “No me daba para lo que quería” “Estoy lejos de lo que realmente quiero” “¿Y para qué me esfuerzo, si terminaré igual?” Son algunas de las cosas que se escuchan últimamente.

Y al final, muchas personas por ese conformismo quedan haciendo el resto de su vida cosas que jamás disfrutarán, sin tomarse el tiempo de pensar que su vida se resume en odiar una rutina que tendrán que soportar el resto de sus días a menos que hagan algo que la perturbe.

La principal tarea que se nos viene luego de terminar cuarto medio no es el qué queremos hacer, es la PSU. Darnos cuenta de que esta pequeña prueba nos hace saber que tan cercanos estamos a lo que deseamos, que un pedazo de papel nos diga que podemos o no hacer en el futuro es un completo desastre para nuestra mente. Cuando el mundo se dé cuenta que somos más que solo una prueba que busca una única inteligencia lógico-matemática es cuando todo estará mejor y la vocación tomará el rol que siempre debió tener.

¿Cómo se quiere mejorar la calidad de la educación si muchos de los que se titulan en pedagogía están ahí porque “les dio el puntaje”? Luego, nuestro personaje en cuestión, egresado sin afán de emplear su docencia, dejará en el alumno en progreso dos cosas:

Primero, un mal aprendizaje en el que luego de más de 8 horas mensuales (en el caso de las materias “menos demandantes” para nuestro sistema educativo) sólo se apreciará en el estudiante tiempo perdido, y en segundo lugar, la pérdida de interés del estudiante en tal materia, que quizás y finalmente, pudo haber sido uno de los mejores en esta, teniendo luego la de vocación llegar a la docencia y tener una persona más para la siguiente generación de profesores que requiere la sociedad.

Cuesta mucho y realmente apena ver que algunos simplemente creen en la pedagogía como su segunda opción, y esto no es porque sea una mala profesión, es por lo mal vista que está actualmente, ya sea por los salarios bajos, o por la poca exigencia que tiene en algunas universidades para entrar. Cuando nos damos cuenta, nos volvemos en un círculo vicioso de bajas expectativas, en que el profesor resignado trabaja mal en el alumnado, y que posteriormente este se vuelve en malos resultados donde de nuevo, el puntaje crea una decepción y hace que la vocación quede de lado haciendo un trabajador más de tantos otros que no disfrutan lo que hacen.

El actual sistema educativo y la forma de admisión que existe nos hace retroceder y quedarnos en un lugar alejado de lo que realmente se quiere lograr como sociedad, profesionales listos para la competencia exterior, dotados de las capacidades que muchas veces no se pueden demostrar solo con un lápiz y un papel definiendo el futuro que debemos seguir.