En esta oportunidad, cederé mi espacio en este prestigioso medio a una vieja amiga con quien, si bien no somos muy cercanas, tenemos muchas cosas en común.

Ella fue quien me pidió, muy respetuosamente, que le permitiera hacer uso del espacio. Los dejo con ella:


En estos últimos años he estado de moda.

Se me ha acusado, perseguido, incriminado. Se me ha discriminado, ofendido y violentado.

Se me acusa de inspirar la violencia contra las personas, de quemar y destruir bienes públicos y privados. De ser responsable de que algunas personas de trabajo hayan perdido su fuente de ingresos. Estas semanas han ido aún más lejos: me acusan de agredir a trabajadores, de poner una serie de bombas, una de las cuales lastimó gravemente a una mujer de nuestro pueblo.

Día a día, en la televisión y los diarios soy calumniada de manera grosera y sin respeto alguno por la verdad, por gente que no me conoce, que jamás me ha visto, que nunca ha leído sobre mí. Algunos nunca han leído sobre nada, según he podido constatar en su manera de expresarse y de razonar.

Se me acusa de toda clase de tropelías, de saqueos, de floja y violenta, de “querer todo gratis”, de no querer estudiar, de quemar bosques.

Pero eso no es todo.

Otro grupo me insulta también cuando, en mi nombre, se dedica a destruir y a agredir a los trabajadores. Sin sentido, sin comprender que en mi esencia esta el respeto, la ética.

En lo más profundo de mi radica la certeza que existe alguien que me vigila, que me dice cuando actúo mal o cuando lo hago bien. Alguien que no me perdona si daño al amigo, a la compañera. Alguien que me dice “recula, lo estás haciendo mal”. Ese alguien sabe lo que soy, lo que hago, siempre está conmigo. Ese alguien soy yo misma.

Pero me acusan de querer destruir todo a mi paso, de ser violenta, pirómana, separatista...aunque la verdad  es que yo voy de la mano con el compañerismo, con la responsabilidad, con la fuerza de la unidad, con la colaboración voluntaria, con la solidaridad.

Aborrezco con todo mi ser al militarismo asesino, la hegemonía del capital, la explotación de algunos para beneficio de otros, esta economía opresiva donde el trabajo no tiene valor más allá del precio que le asigna el mercado.

Se me acusa de ignorante, pero viajo por la historia acompañada del estudio, de ese estudio que es parte del crecimiento personal, no de una carrera hacia alguna parte, de la comprensión de la naturaleza, de la ciencia, del arte. Me acompañan grandes pensadores de la historia, grandes desarrolladores del pensamiento humano. Jamás he estado sola.

Desde mi tribuna he debatido con Platón y con Marx. Comparto puntos de vista con Rousseau, Stirner, Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Emma Goldman, Foucault…

He renegado de cualquier dogma que pretenda imponerse a la razón y a la libertad de pensamiento.

Sin enarbolar banderas, he colaborado en múltiples instancias, demostrando que se puede, que funciona: Gnu/Linux, Debian, Bitcoin, Tor, Anonymous, I2P, Freenet. Todos sistemas distribuidos y horizontales que se basan en la cooperación voluntaria y que muchas veces superan a las alternativas organizadas jerárquicamente.

Agradecería, por tanto, a aquellos que me calumnian, como aquellos que me usan de excusa, que me dejen en paz y se hagan responsables de sus propios actos.

Que se preocupen de descartar definitivamente ese tirano que algunos llevan dentro.

No ejerzan violencia contra los trabajadores en mi nombre. Cuando yo he tenido que pelear, ha sido contra el poder del estado, con valentía y no cobardemente contra los indefensos.

No me culpen de los actos de quienes ni siquiera me conocen. Aunque carguen banderas con mi nombre, no son de los míos. No me usen para sus siniestros propósitos.

Yo, vivo desde siempre en el corazón humano, en ese espacio donde también se refugia la libertad. Conciencia le llamamos.


La Anarquía”.


Trinidad Lathrop
Edición Nelson Rodríguez
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