Actualmente se discute en el Congreso sobre el proyecto de ley que da protección a la identidad de género el cual, de ser aprobado, permitirá, entre otras cosas, el cambio de nombre y sexo registral, sin intervención de un juez; sin duda, aquello representa un avance sustantivo, considerando lo burocrático e invasivo del trámite en la actualidad.  Desde el 2013 que el proyecto ingresó al Parlamento y, a pesar de incorporársele el sello de suma urgencia por parte del gobierno de Bachelet, aún no hay luz verde; retraso causado, principalmente, por sectores de Derecha que le han puesto sucesivas trabas.

Ha sido este proyecto el que ha concentrado toda la fuerza de cierto activismo trans, cuya clave reformista que, se ha materializado en que representantes de ciertas organizaciones asistan al Congreso a dialogar con parlamentarios para obtener su votación favorable,  ha oficiado como muro de contención para el brote de un movimiento más combativo en las calles y por qué no decirlo, revolucionario. No es un ataque personal en contra de compañeros/as que realizan esta labor, solo evidencio una lógica política.

Múltiples, son las razones que se entregan desde este lobby a modo de justificación: debemos presentar un discurso higiénico y no conflictivo para la aprobación de la ley; si no dialogamos con la derecha, no nos darán la ley y etc. Esto es prueba de lo anterior, pero también revela una subordinación de lo trans a una ley, limpiando la mesa ante cualquier aspereza que signifique discutir cuestiones que puedan venir a desestabilizar la categoría trans, en cuanto a su imposición; también expresa la nula conexión con otras realidades de opresión, como el caso de las mujeres, especialmente, de sectores obreros y populares; o la masacre del pueblo mapuche, orquestada por la Nueva Mayoría y la Derecha.

 

El personalismo

Es muy habitual que en un sector que no se encuentra politizado, surjan los líderes carismáticos. Así se han levantado figuras que, en general,  han sido atrapadas por la Nueva Mayoría, comiendo todo a su paso. Con el líder englobando a toda una colectividad, se termina por cooptar al movimiento, poniéndole al servicio del color político que representa.

 

El potencial político

¿Y de qué se habla cuando se dan luces sobre un potencial político?

Quizá esta pregunta puede responderse dando a conocer lo sucedido el 22 de abril de 1973, en pleno gobierno de Salvador Allende cuando un grupo fundamentalmente de travestis, decidió manifestarse principalmente ante el acoso al que Carabineros de Chile las sometían al no dejarlas trabajar tranquilas, hostigándolas constantemente. Nunca en el país, había ocurrido un hecho de estas características.

Allí, el potencial político de la sujeta travesti se llevó a la práctica. Lo trans, en cuanto a una intervención en la realidad, tiene ese potencial, porque desde ciertos discursos y corporalidades se abren cuestionamientos al impuesto binarismo de ser hombre o ser mujer. Sin embargo, de muy poco sirven estos discursos, si son cooptados por sectores conservadores y de un régimen político que incentivan y apoyan la masacre al pueblo mapuche.

Como trans, como sector oprimido, no deberíamos lavarle la cara con progresismo a un grupo de políticos que violentan a otros/as, como cuando le niegan el derecho a abortar de forma legal y segura a las mujeres; porque es una falta de solidaridad con otros sectores de oprimidos. Una ley no nos puede hacer olvidar que los represores del pasado, son los mismos que nos reprimen hoy y lo harán mañana.

 

¿Qué hay de la izquierda?

Sin embargo es necesario exponer sin más, la ausencia de la izquierda en nuestras peleas. No han estado presentes, en general. Las respuestas para esta situación pueden ser muchas, desde el nulo trabajo en el área trans por parte de la gran mayoría, hasta suponer que como aún no constituimos un movimiento masivo, no les interesa hacerse parte, lo cual cambiará cuando seamos lo suficientemente mediáticxs; ahí aparecerán oportunistamente con sus banderas y, ciertamente, esperando captar militantes para sus propuestas políticas.

Y la pregunta que deberíamos formularnos, quizá, es: ¿necesitamos a la izquierda? En términos estratégicos, sí; pero no es suficiente, pues el factor confianza es decisivo al momento de establecer un trabajo en el tiempo. ¿Cómo se puede depositar confianza si gran parte de esta izquierda, materializada en organizaciones, se han dedicado a instrumentalizar diferentes luchas?

El mayor ejemplo: el movimiento estudiantil, con actuales diputados que llegaron a serlo, utilizando la tribuna estudiantil, éstos fueron más bien representantes de sectores que se dedicaron a terminar con la lucha combativa de miles de compañeros que levantamos paros y tomas  y que atestiguamos con rabia cómo nos vendían a cambio de falsas promesas.

A mi parecer, el trabajo con organizaciones de izquierda ha de establecerse en clave de frentes únicos llegado el caso. Y las alianzas forjarlas directamente con sectores explotados y oprimidos, sin ninguna organización política de por medio.

 

¿Qué hacer?

Si lo planteado apunta a la negociación entre algunos con unos pocos, entonces, mínimamente, esto tiene que abrirse y si el diálogo ha demostrado que se enlentece un proceso, pues entonces, es necesario ejercer una presión de muchos. Desde mi lugar activista, no desprecio llegar al Congreso, pero es distinto hacerlo sola a dialogar con personajes tan nefastos como Jacqueline Van Rysselbergue que hacerlo siendo miles, gritando desde las calles, a exigir una ley de identidad de género ahora o demandando cualquier derecho negado

 

Por lo demás, resulta innegable que subordinar un movimiento trans a una ley tiene fecha de vencimiento –en cuanto se apruebe se termina la demanda-. Por ello, esta lucha debería ser parte de tantas discusiones que debemos tener, desde qué es ser trans, hasta los cruces con el feminismo. Para ello, soy partidaria de realizar un gran encuentro trans y de identidades no binarias con el objetivo de conocernos y discutirnos, determinando el qué queremos y hacia dónde hemos de avanzar, a través de cuáles métodos, etc Y con quienes hemos de aliarnos. Desde mi perspectiva, creo en la alianza con los feminismos, con los sectores oprimidos y explotados, en definitiva, con todos quienes se hayan propuesto destruir este sistema de explotación y miseria, pero manteniendo la independencia y la voz propia. No somos más ni menos importantes que otros.