Nunca he creído que por ser mujer deba merecer tratos especiales. De creerlo estaría reconociendo que soy inferior a los hombres y yo no soy inferior a ninguno de ellos”. Marie Curie

Somos testigos de una polémica en los medios a raíz de las intenciones de Alberto Mayol,por manifestar su intención de ser candidato a diputado por el distrito 10, donde también compiten Giorgio Jackson (RD) y Francisco Figueroa (IA). Por su parte, Natalia Castillo, militante de Revolución Democrática (RD) y candidata a diputada por el mismo distrito, al parecer, perdería su cupo si se concretan las intenciones del ex abanderado, en  donde el número de candidatos hombres es, de por sí, desproporcionado (7 hombres y 2 mujeres).

Se sindica como un acto machista la candidatura de Mayol en cuanto ésta impediría la viabilidad de la candidatura de Natalia Castillo. No se cuestiona, sin embargo, la candidatura del propio Jackson, quien también es un hombre, también de una élite –como menciona la aludida en entrevista a “El Desconcierto” – y quien, si quisiera anteponer suvocación feminista a su vocación de poder, perfectamente podria declinar su propia candidatura para darle el apoyo a su compañera de lista.

No pretendemos defender aquí a Alberto Mayol en batalla por el cupo, pues él tampoco parece percatarse de este detalle. Al revés, aparece en la prensa afirmando que haría un muy buen equipo con Giorgio Jackson en el parlamento. Por el contrario, nuestra preocupación es ser testigos, una vez más, de la instrumentalización de la bandera del feminismo para justificar, presionar y manipular decisiones políticas a todo nivel y escala, siendo nuestro conglomerado, tristemente, otro ejemplo de lo mismo.

La paridad y la búsqueda por instalar cuotas de género en la participación de mujeres en la política, se plantea inicialmente como una acción dirigida a garantizar la inclusión femenina en cargos electorales procedentes de los partidos políticos y de los diversos sectores de la administración pública estatal. 

Es una medida que exige la incorporación de mujeres en las candidaturas y cargos, supuestamente de manera transitoria, mientras se superan los obstáculos que imposibilitan nuestra participación en los espacios de poder. 

A simple vista, adherir a esta práctica resulta irresistible para las mujeres que militamos en fuerzas políticas, en tanto que nos garantiza el acceso a cargos sólo por el imperativo del cuoteo de género. No obstante a ello, quienes sentimos la política como un espacio en donde debemos articularnos en tanto que mujeres reflexivas y seres pensantes, la discriminación positiva, que subyace al planteamiento de la paridad, puede ser molesto e incluso ofensivo, pues implica minusvalorar nuestras capacidades y méritos.

La posibilidad de ser elegida en una candidatura o un cargo político solo con fines cosméticos, para teñir de acciones “políticamente correctas” y cortinas de humo la lucha por la igualdad de los géneros, poco ayuda en la reflexión acuciante sobre el patriarcado y los efectos nocivos del machismo en nuestra participación en los espacios de poder. Obligar a que mujeres se sumen en las listas no subsana las desigualdades,  incluso podría consagrarlas, puesto que el cuoteo de género es, en sí mismo, una práctica paternalista y –por cierto– heteronormada.

Al exigir paridad, tal como lo dice el concepto, estamos dividiendo a los sujetos políticos en dos (un par), consagrando la rigidez y la dualidad en la conceptualización de los géneros, desconociendo las corporalidades y sexualidades disidentes. Si realmente estamos consagrando prácticas que persiguen emparejar la cancha para los actores sociales excluidos, heteronormar no es una opción que defienda la diversidad ni el empoderamiento de las minorías. 

Por lo planteado, como Piratas hemos decidido designar los cargos de representación sin discriminaciones de ningún tipo, ni negativas, ni positivas, puesto que nos sentimos en plenitud de ejercer nuestra participación considerando nuestras competencias y habilidades tan válidas y necesarias como las de cualquier integrante. Consideramos en esta decisión la búsqueda de la democracia no como un acto de “representatividad”, sino como el ejercicio distribuido del poder entre personas libres, iguales y fraternas. El poder subyace en las personas. Juntas construimos enjambre. 

El Frente Amplio es un conglomerado político que está en construcción, y como tal, es muy importante que ejercite la autocrítica respecto a sus prácticas políticas. Es necesario y comprensible que se levanten cuestionamientos sobre el interés político del conglomeradoy la conveniencia de eventuales candidaturas al servicio de esos intereses. Sin embargo, levantar la bandera del feminismo y la paridad como excusa para ejercer una política de vetos, como pretende hacer RD en esta pasada, nos parece que atenta contra el carácter democrático que las fuerzas aglutinadas en el Frente Amplio queremos imprimirle a la coalición. 

Atentamente,
Las Piratas